El Tren de la Reconstrucción


El tren llegó silenciosamente, a la hora exacta a la estación
Las puertas se abrieron y los estudiantes se subieron en orden. Las puertas se cerraron mientras los estudiantes se conectaron con el liceo.
Sin tardar el profesor comenzó la primera lección

“Época de los dioses” dijo: “En un comienzo no había hombres sobre la tierra“

“Debido a mutaciones genéticas y a la lucha por la adaptación, ciertas especies evolucionaron y de esta larga evolución surgieron los hombres ….”

La noche era profunda. Parecía un enorme océano sin luz. Algunas estrellas flotaban en la oscuridad. La inmensidad se tragaba al tren que avanzaba a toda velocidad hacia un destino invisible.

“Los grupos de humanoides crecían en cantidad y en número de individuos. Esto hacía cada vez más necesario que estos se comunicaran entre ellos. Poco a poco fue apareciendo el lenguaje. Empezaron creando sustantivos simples, nombres de cosas, acciones directas….”

Con el lenguaje los grupos podían contener más individuos y más individuos hacía necesario un lenguaje más extenso. Los humanoides se desarrollaban gracias al lenguaje  y a medida que se desarrollaban más desarrollaban el lenguaje…”


El tren corría siguiendo un rumbo invisible.

“Unos simios necesitaron el lenguaje y lograron crearlo. El lenguaje los fue transformado. Comenzaron a hablar de cosas ausentes. Lentamente fueron creando el tiempo. Pasado, presente, futuro “

El tren seguía una línea que parecía desafiar todo obstáculo. La línea que seguía el tren parecía ser una recta infinita.

“Gracias al lenguaje los hombres crearon cosas inexistentes, primero el pasado que ya no existe, luego el futuro que todavía no existe “
Seres intangibles como espíritus escondidos en árboles, montañas o en el interior de las cosas…”

“Buscaban la causa de las cosas …y fueron creando nuevas cosas que eran la causa de las cosas ....
Gracias al lenguaje los hombres crearon a los dioses y gracias a la palabra dijeron que los dioses crearon a los hombres”
“Fue la palabra quien creó al hombre… el hombre creó la palabra… Es como un dios que crea su propia alma... y es esa alma es la que lo hace ser un dios “

El tren parece inmóvil sobre una línea infinita.

“La magia del verbo crea al hombre y el hombre crea al verbo…”

El tren prosigue su loca carrera hacia el vientre de la oscuridad

“Los hombres son mamíferos y llevan en ellos el ADN de todos los mamíferos. La lucha por ser el macho alfa está inscrita en sus genes”

“Los pequeños grupos de humanoides se transforman en grandes grupos y estos entran en conflictos dentro del grupo y con los grupos vecinos. La historia de los hombres es también una historia de guerras y conflictos… aparecen señores y reyes… imperios crueles, terribles. Formas primarias de Estado. Despiadados sistemas de dominación y al mismo tiempo es allí donde nace la escritura.”

El tren parece inmóvil y se diría que son las estrellas las que corren en la dirección opuesta.

“Los estados generan subgrupos en su interior. Hay quienes dominan y gobiernan. Hay otros que producen…¿Cómo  repartir el producto social? ¿Cómo dividir el fruto generado entre productores y dominantes?"

“La unión de los hombres genera su división. La unión de los hombres es un compromiso lleno de conflicto. Cualquier división del fruto producido es el resultado y la causa de conflicto…”
“La unión de los hombres genera división sin embargo prevalece la unión. Una unión hecha de conflicto… es una unión inestable…”

Ni un solo ruido interrumpe al profesor

“El ADN de los mamíferos lleva a las sociedades de los hombres a una competencia cada vez más global…”

Durante un largo tiempo todo es silencio en el tren. Hasta las estrellas se esconden en el fondo de la noche. Lejos, muy lejos en el fondo de la noche se distingue apenas el reflejo de un planeta azul.

El profesor ha dedicado largo tiempo a transmitir su lección. Relata pedazos enormes de la historia. La invención del dinero, los grandes avances tecnológicos, las guerras, las revueltas y las revoluciones…
“Hacia el fin de la historia” Explica el profesor “Y para evitar un último conflicto que destruiría a toda la humanidad, los hombres decidieron que ganaría el conflicto, y el derecho a la explotación de numerosos planetas y asteroides, la nación que hiciera el mayor aporte científico”

“Sería el ganador quien pudiese determinar con la mayor precisión el resultado de la división de 1:3”
“Rápidamente, un niño dijo - es 0,3 -”
Otro dijo - No. Es 0,33 -”
“Cada respuesta era verdadera y falsa”
“Los resultados eran cada vez más precisos… pero siempre eran inexactos. Todos contenían algo de falso. Si alguien afirmaba que 1:3=0,333
Cualquiera podía demostrar que es falso pues en realidad 1/3= 0,3333
Y como una cosa no podía ser verdadera y falsa a la vez, si se demostraba que no era verdadera, entonces era falsa. Así la respuesta era siempre falsa.”

“Grupos de científicos se lanzaron en la construcción de un computador que realizara el cálculo.
Y rápidamente otros lanzaron la construcción de otros supercomputadores”
“Una nación construyó un supercomputador que aventajaba a todos los otros, pero pronto se vio que necesitaba de una enorme cantidad de energía”
Alimentarlo era un gran problema pero algunos científicos encontraron un método para extraer energía del agua. Fue llamado el computador hidráulico”
Otro grupo se lanzó en un procedimiento alternativo. Extraían la energía del aire. Era el computador eólico”

“los resultados eran cada vez más precisos. Una enorme cantidad de 3 se acumulaba en una larga fila después del signo igual.”

“Mientras la batalla arreciaba entre las naciones, un grupo de personas, jóvenes, mujeres, viejos … decían que no importaba quien ganara, lo que importaba era la humanidad y que en vez de competencia el gran valor era la cooperación … la cooperación para construir la humanidad “


El tren ya no parecía inmóvil. Las estrellas corrían más rápido a su encuentro y luego quedaban atrás 

“Muchas naciones que no creían en la competencia intelectual entre los computadores por determinar el resultado de 1:3 se lanzaron en la construcción de robots guerreros”

El profesor se aseguró de que todos los estudiantes hubiesen recibido correctamente la lección hasta ese punto. Luego prosiguió:
“Una gran guerra se inició entre robots guerreros. La destrucción fue terrible. A pesar de que los robots tuvieran prohibido matar hombres, muchas personas, especialmente niños, perecieron en esa terrible guerra. La humanidad estaba a punto de desaparecer cuando el general robot de la primera nación lanzó un ataque suicida sobre los robots de la nación segunda…” 
“ En el ataque fueron destruidos todos los robots de la segunda nación, pero el costo fue la destrucción de todos los robots de la primera nación. Solo el general robot de la primera nación resultó indemne.”
“Entretanto, los humanistas, aquellos que estaban por la cooperación entre los hombres, se escondieron en las montañas y también crearon robots. Robots cuya misión era ayudar a la humanidad a crecer.”
“Un pequeño robot de los humanistas observaba la batalla cuando el general victorioso lo descubrió. El general robot se lanzó en su persecución. El pequeño robot volaba escapando del general, pero este era mucho más rápido. El pequeño robot voló hacia las montañas. El general lo siguió. Pequeño desapareció detrás de una montaña. El general lo descubrió. Pequeño se escondió detrás de una nube. El general lo siguió. Pequeño se lanzó hacia la boca de una gran montaña. El general voló aún más rápido para destruirlo. Lo alcanzó...Sólo entonces el general comprendió que Pequeño lo había llevado a la boca abierta de un volcán….”

“Así desaparecieron todos los robots guerreros. Los humanos creyeron que habían sobrevivido y que la humanidad estaba fuera de peligro.”

El profesor hizo una pausa y luego prosiguió

“Este periodo es llamado - La época de los dioses - porque son los humanos quienes crearon a los robots. Ellos crearon la vida. Cierto una vida distinta pero vida al fin de cuentas”
“ Son los humanos los dioses que crearon a los robots”

“La competencia entre los computadores continuaba con un agregado enorme de 3 en el resultado. La batalla entre las naciones no se detenía.”

“De pronto comenzó a faltar el agua. Toda era absorbida por el computador hidráulico. Desaparecieron primero los insectos, entre ellos las abejas y sin abejas no hubo más polinización. Desaparecieron las plantas…”

“El computador eólico absorbió todo el aire. Los hombres que aún sobrevivian desaparecieron. También se extinguieron los hombres humanistas”. 
“La tierra se convirtió en un desierto inhabitable…”

“Nosotros, los robots creados por los humanistas, nosotros, los robots que recibimos como misión la de ayudar a la humanidad a crecer, tuvimos que emigrar a un planeta lejano “

El tren era un grupo compuesto de naves intergalácticas que se seguían unas a otras. Solo una, la locomotora, mantenía el contacto con la central. Las otras, llamadas vagones se conectaban solo con la locomotora. Así todas mantenían el contacto, directo o indirecto, con la central pero obteniendo una gran economía de energía.

“Los dioses nos crearon con una misión ; ayudar a la humanidad a crecer “ Dijo el profesor

“Por ello debemos volver al pasado y hacer renacer la tierra para que vuelvan a aparecer vegetales, animales, vida, simios, humanoides …”

“Estudiantes:
Vuestra misión es la de re crear las condiciones iniciales para que reaparezca la humanidad”

“Ustedes deben crear de nuevo el pasado” dijo y se cayó.

 El tren de naves intergalácticas se detuvo. Se posicionó sobre la tierra, el lejano planeta azul y los estudiantes descendieron en orden.
 Cada robot recibió un nombre y una tarea. El mejor, Neandro, nombre derivado de Neo Andros, debía crear el aire. Luego Esmeralda, nombre extraído de una piedra verde, recibió la misión de hacer resurgir el agua y el último, uno que salió algo defectuoso, Patricio, no recibió ninguna misión porque contenía errores de fabricación.

Neandro paralizó al computador eólico. Esmeralda inundó al computador hidráulico. La competencia se detuvo. Las gigantescas series de 3 se borraron en unos segundos.

El tiempo continuó corriendo, también el agua, la atmósfera se llenó de oxígeno y de aire puro. Surgieron de nuevo las flores

Patricio, el robot defectuoso, vagaba sin rumbo haciéndole extrañas preguntas. Se decía por ejemplo;
“Si logramos reconstruir el pasado, si los hombres vuelven a brotar sobre la tierra, entonces habremos realizado nuestra misión …“ Luego, Patricio decía; “ La misión que nos dieron aquellos que nos crearon es la de ayudar a la humanidad a crecer… si la hacemos brotar de nuevo la ayudaremos a crecer. Tal es nuestra tarea …”
“Pero …“ (un pero en un robot es mala señal)
“Pero si en el futuro creamos el mismo pasado, a la larga obtendremos el mismo futuro...
Patricio, dudaba. Sí. Dudaba y eso es muy grave en un robot, se decía “El mismo pasado producirá el mismo futuro ...entonces, si logramos crear de nuevo a la humanidad … esta se autodestruirá de nuevo …”

Caminando, lleno de dudas, encontró un papel muy viejo escrito en el tiempo de los hombres que decía:

“La belleza no existe. La belleza no está en las cosas bellas. La belleza está en la mirada.
Quien mira proyecta algo de su propio ser sobre aquello que él ve. Y si lo encuentra bello es porque su mirada baña de armonía el aire que acoge la música, la tela o la piedra o simplemente un pedazo de naturaleza. Lo bello es tan bello como un espejo que refleja un pedazo de mi espíritu…
La belleza está en mi mirada...”
“Lo bello es un símbolo que te muestra a ti aquello que de ti tu no ves …

El papel estaba roto y no se podía leer más.

Un gusano emergió difícilmente de la tierra y reptando fue removiendo el polvo … Un trozo de papel muy viejo, casi polvo, apareció. 

Patricio estimó que era aún muy anterior 

En él se podía aún leer:

“Época de los dioses” 
“En un comienzo no había hombres sobre la tierra“

El gusanito se estremeció. Por la primera vez abrió sus alas y … voló.

¿FIN?
Patricio Vial

Mi viaje


Para mi compañero, siempre



El carro del tren está ya dispuesto en la Estación Alba cuando llego de la mano de mis padres muy temprano en la mañana, entusiasmada pensando no sólo en las próximas vacaciones en la playa, sino también en una de mis debilidades: los ricos panes amasados con palta y queso que vamos a comprar por la ventanilla cuando paremos en Quillota.
No me doy mucha cuenta lo rápido que avanzamos, solo siento de pronto que las manos que tengo entre las mías no son las de mis padres, sino las de las dos niñas, y que desde el asiento de enfrente estás mirándome con una sonrisa dulce en el rostro y los ojos llenos de amor. Hemos vuelto, me dices, cuando a lo lejos veo que nos aproximamos a la Estación Cénit.
Pero seguimos avanzando, rápido, rápido. El suave traqueteo del tren desplazándose sobre los rieles nos adormece y percibo entre sueños que las niñas, ya crecidas y con una pequeña entre ambas, toman sus bolsos y sin darme cuenta siquiera, en algún momento descienden o quizás sólo van hacia otro carro.
Qué extraño, pienso, cómo ha cambiado el paisaje desde que subí a este loco tren, que a pesar de haber disminuido la velocidad, no se ha detenido en ninguna estación.
Tú, sentado ahora a mi lado, entrelazas tus manos con las mías, a ambos se nos dibujan fuertemente las venas por entre esas pecas que nos aparecieron de pronto, cuando vemos que por el pasillo se aproxima el inspector anunciando la llegada a la última estación de este recorrido, en la que los que aún quedamos en el carro deberemos descender: Estación Ocaso.
Patricia Guillén
Julio 2020

Estamos de acuerdo


El aroma del cerezo en flor de nuestro jardín nos acariciaba el alma, durante los dos años de duelo por la muerte de nuestros hijos, por causa de una vacuna desarrollada apresuradamente para controlar una epidemia, medida que trajo como consecuencia la muerte de niños y adolescentes en todas las latitudes del planeta.
Como de costumbre al atardecer nos sentábamos en la terraza para intercambiar los sucesos del día, acompañados con algún aperitivo. En un momento de silencio observé a Estela, mirando sin ver, con una mirada melancólica. Eran los resabios de la pena que después de los años, aun la atormentaban y decidí comentarle un reportaje que había leído en internet.
―Sabes, Estela, que en los países que marcan la pauta tecnológica están buscando una solución al despoblamiento de la tierra, y los resultados positivos obtenidos, les permite que cualquier persona pueda solicitar bebés. El artículo señala que estos niños se pueden escoger de diferentes razas y vienen con todos los anticuerpos necesarios para sobrevivir futuras pandemias
Para que los niños no parezcan clones, es posible escoger la raza (negros, blancos y asiáticos), de distintos rasgos físicos, personalidades, inteligencia, contextura y por supuesto su desarrollo estaría relacionado con: el contexto familiar, el país que los recibe y al amor de sus padres.
Estela primero abrió sus ojos en señal de sorpresa, luego su cara se llenó de alegría y esperanza y exclamó, ¡Yo quiero 3 hijos! Al segundo su semblante cambió y con tono de pena dijo.
―Pero saldría caro y no podría con tanto trabajo.
―No te preocupes, la entrega considera una ayuda mensual de cinco mil euros por cada hijo adoptado y una niñera robótica.
―¿Entonces, estamos de acuerdo?
―Sí, Estela, de acuerdo.
 Gabriela Rodríguez. 
Santiago, Junio del 2020

Estación Misterio

―¿Hacia dónde va el tren?― preguntó el hombre. ―Misterio―, respondió ella. 
Él no sabía si era broma o ella hablaba en serio, hoy con todo tan revuelto como está no era capaz de descifrar ni rostros, ni tonos de voz y otras claves que se esconden tras los barbijos que lleva la gente, esperó un rato en la estación por si venía alguien a quién poder consultarle, pero al parecer no había mucho movimiento en aquel lugar, dejó su maleta en el suelo y se sentó sobre ella, así pudo observar con mayor atención a ese gigante de fierro que parecía dormido sobre las vías, con el ojo de quién mira sin apuros, se dio cuenta que al parecer esto era así desde hacía ya un tiempo, pues empezaban a trepar entre los rieles y las ruedas pequeños pastos y enredaderas, esta visión lo sobresaltó, pasando mil ideas por su cabeza: ¿podré salir de aquí?, ¿estará malo el tren?, ¿a quién o qué espera ella?, ¿será algún lugar aquel “Misterio”?. 
Miró en búsqueda de su compañera de estación, seguía ahí, parecía adormilada por esa tibieza de domingo de finales de abril, con un sol que alcanzaba sus pies y generaba una atmósfera sin tiempo.
Mayarí Schilling

El tren azul


Cuando pequeño solía soñar con un tren. No era todos los días pero sí me pasaba bien seguido.
Este era un tren de color azul, de forma muy agudizada similar al "flecha" que existía en esa época, pero aún más estilizado, como un avión.
Lo veía venir de lejos y su aerodinámica figura parecía romper el aire.
No tenia ventanas y se deslizaba en el aire.  A pesar de que en mis sueños veía  que transitaba veloz, se acercaba suave y pasaba cerca mio sin hacer un ruido para luego alejarse tan suavemente como había llegado.
Dejé de soñar con el cuando la magia de la infancia dejo su lugar a la dura realidad de la adolescencia.
Nunca más lo vi en mis sueños, pero su recuerdo siempre me ha acompañado.
Quizás por eso que me gustan tanto los trenes.
Tuve la suerte de vivir en un lejano país donde los trenes son transporte fundamental. Cientos de estaciones siempre repletas de gente y por cierto los trenes son modernos y confortables.
Recuerdo que cuando hicieron su aparición el TGV hacia París y el EuroStar hacia Londres atravesando el túnel del canal de la Mancha, lo primero que se me vino a la mente al ver sus esbeltas siluetas fue mi tren de ensueño.
Muchas veces viajé en ellos y en algunas ocasiones,  solo lo hice por el placer de ir en esos trenes de ciencia-ficción a velocidades que nunca imaginé que un tren pudiera alcanzar (salvo mi tren de ensueño). Y por cierto me preguntaba como había sido posible llegar a ese modernismo desde los viejos trenes a vapor.
Así que cuando esa agencia de viajes propuso un viaje inolvidable en un antiguo convoy con maquina a vapor, no dudé un instante en comprar un pasaje.
La agencia se llamaba LocoTour y su ejecutiva me prometió que sería un viaje inolvidable.
Llegué antes de la hora indicada a la estación, presa de una excitación casi infantil.
En el andén principal , una soberbia locomotora negra preparaba ya sus calderas. Tiraba tres magníficos carros antiguos.
A mi me correspondió el carro del centro por ser jubilado de clase media, así me había dicho la ejecutiva.
Comenzaron a llegar los demás pasajeros; todos mayores de edad simpáticos y amables que saludaban alegremente.
Un pitazo de la locomotora anunció la pronta partida del viaje.
Tres personajes aparecieron en la puerta de nuestro carro; un caballero gordito con aire de gerente de banco, una señora bajita medio enclenque y un joven alto con cara de bobo.
―Bienvenidos a este inolvidable viaje que por primera vez en la historia de nuestro país, hemos organizado para ustedes ―dijo el gerente de banco―. Este viaje lo hemos preparado con mucha anticipación y con los mejores expertos del país-agregó el gerente. Todo está minuciosamente pensado ―dijo―, Hemos seguido todos los estándares internacionales establecidos por la Agencia Mundial de Trenes y según las encuestas, somos los mejores del planeta.
―Por lo tanto no deben preocuparse por nada y para mayor confianza, seré yo mismo quién conducirá  el convoy junto a mis colegas― dijo, indicando a la señora bajita y al joven quienes se miraron sonrientes y orgullosos.
Tres pitazos y la vigorosa locomotora comenzó su jadeante empuje. Los pasajeros conversaban todos al mismo tiempo y la algarabía versaba en todo lo prometido y lo misterioso del viaje ya que el Gerente-Conductor nada dijo sobre el final del viaje.
Sentados enfrente mio, iba una pareja de jubilados, como yo; ambos decentemente vestidos sin exageración ninguna, no tardaron en entablar conversación conmigo;
―Me llamo Joaquín dijo él― dándome un apretón de mano. Y ella es mi esposa Alicia.
―Yo soy Víctor Manuel respondí- correspondiéndoles el saludo.
―Que le parece el viaje me pregunto Joaquín―
―La verdad, muy interesante para mí ―respondí― porque soy un apasionado de los trenes.
―A nosotros también nos gustan los trenes pero lo raro es que no sabemos hacia dónde vamos ni las estaciones por las que pasaremos ―dijo ella―. Creíamos que el conductor nos lo explicaría, pero fue muy parco en explicaciones, no cree usted?
―Si, a mí también me pareció un poco seco su talante, quizás es su personalidad así. Yo pensé en preguntarle a la señora bajita, que parecía mas simpática.
Pero bueno, lo importante es que el viaje se desarrolle sin contratiempos.
―Si eso es.
Los primeros kilómetros pasaron dentro de un ambiente de conversaciones banales y apenas se pudo apreciar la subida de la pendiente que sin mayor esfuerzo remontó el tren.
La primera parada fue en la estación Riesco.
El tren se detuvo unos momentos para que subieran un grupo de inspectores que verificaron que efectivamente todos los pasajeros del segundo vagón eramos de la tercera edad y pertenecientes a la clase media, para luego pasar al tercer vagón que según supimos después estaba destinado a personas con menos recursos.
Antes de recomenzar el viaje, aparecieron de nuevo las tres personas encargadas del viaje.
―Como ustedes se habrán dado cuenta, hemos ascendido la cuesta sin ningún esfuerzo, esto gracias a nuestra planificación y los consejos que nuestros expertos nos han proporcionado― nos dijo el Gerente-Conductor.
La señora bajita, nos explicó como y en que cantidad se comportaba el tráfico de trenes en el mundo, comparándonos con los mas modernos y el joven con cara de bobo nos dió las cifras de durmientes y rieles recorridos asegurándonos que desde meses atrás se habían comprado muchos rieles y durmientes.
Dicho esto, el tren se puso en marcha con velocidad mayor y comenzamos a recorrer parajes que se iban ensombreciendo en la medida que los kilómetros pasaban.
Algunos pasajeros comenzaron a quejarse por el hollín que penetraba por las ventanas.
―No tienen más que cerrar las ventanas― propuse yo
―Sí pero igual entrará por las tomas de aire superiores― me indicó Joaquín
―Quizás sea por el esfuerzo que hace la locomotora en las subidas― agregó doña Alicia.
A lo mejor era eso, ya que cada vez que el tren comenzaba a trepar una cuesta, la locomotora se ponía más jadeante. Luego bajaba el esfuerzo y todo parecía volver a la normalidad.
Así, subiendo y bajando, jadeando y botando cada vez mas hollín  transcurrieron los siguientes kilómetros.
Cuando llegamos a la Estación Meseta, tuvimos la primera sorpresa; un grupo de jóvenes subió también al tren. Y a diferencia nuestra, se repartieron en los tres vagones.
La locomotora pareció agradecer el descanso mientras los tres personajes a cargo del viaje volvieron aparecer con caras de enorme satisfacción.
―El Gerente-Conductor nos aseguró que todo este esfuerzo de la locomotora era completamente normal. Es más ―dijo― Ya hemos llegado a una especie de meseta por la cual continuaremos sin mayores contratiempos nuestro viaje, tal como lo habíamos previsto.
―Doña Eliana preguntó si era normal tanto hollín y si podríamos utilizar mascarillas para respirar mejor.
―No es necesario – respondió secamente el Gerente-Conductor, mientras la señora bajita y Cara de Bobo sonreían. ―Solo tienen que aprender a respirar― sentenció arrogante.
―Y los jóvenes que subieron? No era éste un viaje sólo para la tercera edad― preguntó un señor de pelo largo y canoso.
―Nosotros vamos cambiando y adecuando nuestros planes en consulta permanente con nuestro equipo asesor y respetando los protocolos establecidos por ellos― respondió el Gerente-Conductor, con el ceño fruncido. Parecía enojado cuando alguien le preguntaba algo.
―Y en cuanto a los asientos que pudieran faltar, ya hemos comprado una cantidad y serán embarcados en la próxima estación― sentenció Cara de Bobo.
Proseguimos nuestro viaje en un ambiente que ya comenzaba a ser dudoso. La cara de los viajeros ya no eran tan alegres como al principio del viaje. Había una carga de duda que se translucía sin disimulo.
La locomotora se quejaba cada vez con mas facilidad y de cuando en cuando se sentían unos vaivenes que sacaban exclamaciones entre los pasajeros.
Las conversaciones ya no versaban acerca del viaje ni del paisaje.
El tema que acaparaba más la atención era la calidad del tren, especialmente la locomotora.
Ahora ya se sentía claramente el olor a carboncillo.
Lo cierto es que la locomotora seguía produciendo hollín y a pesar de que muchos pasajeros ya habían cerrado sus ventanas, el aire se empezó a enrarecer con un polvillo negruzco.
Algunos comenzaron a toser de forma constante.
―No creen ustedes que algo raro se está produciendo― preguntó doña Alicia
―Sí, a mi me parece que esto no es tan normal― respondí
―Yaa, dejen de criticar -alegó don Joaquín― hay que confiar en el equipo conductor y basta con eso!
Cuando llegamos a la Estación Cuesta Normal, grande fue nuestra sorpresa al divisar una gran cantidad de gentío muy diverso que esperaban con impaciencia el tren.
Apenas se abrieron las puertas entraron en tropel, sin ningún orden y ocupando todos los asientos aún disponibles.
Como era de esperar, quedaron muchos de pie lo que provocó serias discusiones hasta que unos militares armados subieron los asientos suplementarios.
Pero nuestras sorpresas no terminaron ahí; los tres personajes entraron portando llamativas mascarillas negras. 
No pudimos ver la sonrisa de la señora bajita, solo podíamos adivinarla. En cambio Cara de Bobo se veía harto mejor así. Por el contrario el Gerente-Conductor, parecía feroz detrás de su mascarilla.
―Tenemos algunas adecuaciones a nuestro viaje― dijo el Gerente-Conductor. ―Según nuestros expertos estamos en una etapa de normalidad.
―!A PESAR DE QUE ALGUNAS PERSONAS DIGAN O PIENSEN LO CONTRARIO!― vociferó.
―Por lo tanto, con las precauciones del caso, pueden ir a tomar café o cerveza al coche-comedor si lo desean. Pero ojo !La mascarilla es OBLIGATORIA!
Nadie se atrevió a señalar que el tren no tenía coche-comedor ni tampoco que todo eso parecía un poco contradictorio.
―Con respecto a los asientos necesarios, vamos a cargar más asientos suplementarios y todos, escuchen bien, todos los pasajeros tendrán donde sentarse― sentenció con vehemencia Cara de Bobo.
Los pasajeros estábamos silenciosos. Solo el caballero de pelo cano se atrevió a preguntar;
―¿Y si los asientos nos alcanzan para todos, que hacemos ?.
―Entonces se sientan de a dos y traten de ser más disciplinados ―gritó el Gerente-Conductor.
Acto seguido se distribuyeron mascarillas y el tren retomó su marcha con dificultad.
La locomotora hacia un esfuerzo enorme por el sobrepeso y le costaba alcanzar velocidad.
Los pasajeros comenzamos a ocuparnos de los asientos y de los espacios para colocar los suplementarios.
Después de mucho jadear, la locomotora pareció silenciarse por un largo momento para luego hacer una serie de ruidos raros y literalmente dispararse hacia adelante.
El convoy comenzó a tomar cada vez mayor velocidad.
Los vaivenes se hicieron de nuevo presentes y esta vez con agudos chirridos de hierros.
El tren iba ya medio desbocado cuando atravesamos la Estación Horizonte.
En los andenes alcanzamos a divisar mucha gente con rostros desfigurados que agitaban las manos, otros gritaban y muchos tenían carteles que decían cosas que no alcanzábamos a leer completamente.
Los tres personajes no aparecieron en esta ocasión lo que creó mas angustia entre los pasajeros que comenzamos a movernos de un lado para otro sin saber que hacer.
El tren cobraba más velocidad, los vaivenes ya eran tumbos que provocaban gritos.
El aire era irrespirable, todos tosíamos y algunos lloraban.
Lo peor fue cuando entramos al túnel. La oscuridad y la velocidad que aumentaba provocaron un pánico indescriptible.
Alguien gritó adelante. ―¡Nadie conduce el tren! ¡Nos han dejado solos!
El silencio y la estupefacción paralizaron por algunos momentos a todos los pasajeros.
―Tenemos que hacer algo― gritó un caballero recién llegado
―Yo puedo manejarlo― dijo un joven del carro trasero
―Yo te ayudaré― grito otro del vagón delantero
En medio del desorden y pánico, apenas nos percatamos de la luz que comenzó a perfilarse por el lado izquierdo de nuestro convoy.
La luz se hizo más persistente. Y en  medio del oscuro túnel, apareció mi tren azul.
Surgió como en mis sueños de niñez. Estuvo un rato a nuestro lado, esplendido, majestuoso, su nariz rompiendo el aire, sin emitir un ruido, suavemente.
El azul de sus carros brillaba con una especie de aureola.
Llevaba ahora grandes ventanas iluminadas a través de las cuales muchos niños y adolescentes  nos saludaban sonrientes y con grandes gestos. Nos enviaban besos, nos dibujaban corazones con sus manos, otros aplaudían y gritaban cosas que no alcanzábamos a escuchar, pero percibíamos que eran palabras de aliento y cariño.
La serenidad comenzó a volver a nuestro convoy, la locomotora pareció descansar un poco y los bamboleos se fueron reduciendo.
Mi tren de ensueño nos adelantó lentamente al principio y luego se alejó con la rapidez de un rayo hasta que solo quedó un punto azul en la lejanía, allá en el fondo de la oscuridad.
Un punto de luz que se iba agrandando como si fuera la salida del túnel.
Azul como la esperanza que nos esperaba al término de nuestro accidentado viaje.
Oscar Orellana