40 años ...


Neltume

Por estos días se cumplen 40 años del asesinato de más de 50 compañeros trabajadores integrantes de lo que hasta ese momento había sido el llamado Complejo Forestal y Maderero  Panguipulli. Complejo industrial resultado de largos años de luchas de los trabajadores y sus familias. Las tomas de fundos (más de 22) llegaron a comprometer en los mejores momentos alcanzados por el Complejo a más de 3.600 trabajadores (tanto campesinos como industriales), abarcando aproximadamente un total de 360 mil hectáreas. Las tomas de tierras, producto del alto nivel de conciencia y organización de los trabajadores, empujaron y exigieron al gobierno de la Unidad Popular la expropiación de las mismas para pasarlas al área social, enorme franja de territorio que, por lo demás, a su vez había sido arrebatada por las clases dominantes a sus dueños ancestrales: los pueblos originarios.

Es en este contexto de cosas que se pone en marcha en los años del gobierno de la Unidad Popular este enorme complejo maderero y forestal, que tiene por nombre también el de industrial en tanto la madera en buena parte era la materia prima para producir puertas y ventanas.

La izquierda revolucionaria de la época (el MIR, MCR, FTR) y sectores de la llamada Izquierda tradicional con representación entre los trabajadores impulsaban una política de gestión y control obrero del Complejo y es en medio de tal proceso que sobreviene el golpe cívico-militar de septiembre de1973.

Con el advenimiento de la dictadura y su consiguiente cohorte represiva de  envergadura y profundidad feroces en contra del pueblo y sus organizaciones a lo largo y ancho de todo el país, se lleva a cabo también y especialmente en la zona de Panguipulli (provincia de Valdivia) y en la totalidad de los pueblos aledaños (Neltume, Liquiñe, Choshuenco, Chihuío, etc.) un proceso de ocupación militar sin precedentes y la más brutal oleada de masacres y asesinatos contra los trabajadores desarmados e indefensos.

Como resultado de esta intervención artera, típica de las glorias militares de las fuerzas armadas chilenas (léase Escuela Santa María de Iquique, Ranquil, Pampa Irigoin en Puerto Montt, etc.) caen en manos de la soldadesca cientos de trabajadores y miembros de sus familias, también compañeros y compañeras participantes de lo que había sido esa ejemplar experiencia de luchas y logros materializados en el denominado Complejo Forestal y Maderero de Panguipulli.

Entre otros, son fusilados luego de sumarísimos consejos de guerra: José Gregorio Liendo Vera (3 de octubre de 1973, todos los demás al día siguiente), Pedro Purísimo Barría Ordoñez, Luis Hernán Pezo Jara, Santiago Segundo García Morales, Víctor Segundo Valeriano Saavedra Muñoz, Sergio Jaime Bravo Aguilera, Rudemir Saavedra Bahamondes, Enrique del Carmen Guzmán Soto, Víctor Eugenio Rudolph Reyes, Luis Mario Valenzuela Ferrada, René José Barrientos Warner y Fernando Krauss Iturra.    

A 40 años de estos hechos es imperioso rescatar esa singular experiencia de lucha popular y profundizar en cada uno de sus diversos y valiosos aspectos. Tenemos conocimiento al menos de cuatro libros publicados que intentan ahondar en el desarrollo de estos hechos históricos, los cuatro bien documentados, exhaustivos y con una capacidad narrativa intensa y absorbente:

1.- "Chile: Recuerdos de la Guerra: Valdivia, Neltume, Chihuío, Liquiñe". Codepu-Emisión, Serie: Verdad y Justicia. Volumen 2. 1991
2.- "Guerrilla en Neltume (Una historia de lucha y resistencia en el sur chileno)". Comité memoria Neltume. LOM, 2003
3.- "De Carranco a Carrán (Las tomas que cambiaron la historia". José Manuel Bravo Aguilera. LOM, 2012
4.- "Neltume, El Vuelo Quebrado". Cuentos. Rubén González. Pentagrama Editores. Valdivia, 2003
  
También se tiene noticia de la probable realización de un documental de la documentalista Elena Varela, titulado Los Sueños del Comandante.

Los hechos históricos aquí someramente descritos dieron para el resurgimiento (considerando que el pueblo mapuche muchos años antes había desarrollado esta táctica de combate) en territorio chileno de lucha guerrillera incipiente, tanto a partir del mismo 11 de septiembre de 1973 (al replegarse hacia el monte un número de compañeros con la finalidad de eludir el cerco militar) y posteriormente en 1981.

Se trata entonces de conmemorar y saludar la memoria de nuestros compañeros caídos en esa zona de la provincia de Valdivia luchando por la construcción concreta y palpable de un mundo mejor.

 LAS VOCES DE NELTUME
                                             In Memoriam José Gregorio Liendo Vera
                                                    y, con él, para todos los compañeros.  

¿Has respirado el aire
de ese pueblo lejano
situado al pie de la cordillera
y hacia el sudeste del mundo?

¿Has escuchado acaso
el estampido
del silencio de los montes
rodeando la belleza de este
pueblo
aparentemente extraviado
en mitad de la refriega?

Allí todavía huele a pólvora
y a sangre.

Pero también huele a brecha
abierta
en la nieve
y en el corazón de la selva.

Y cuentan los habitantes
de la zona
que por las noches
a veces
es posible escuchar
voces
hacia arriba
en la espesura de la arboleda.

Voces entre los alerces milenarios.

Voces gritando en un susurro.

¿Y sabías que el agua de los ríos
y el espejear de los lagos
devuelven una imagen de cielo
presagiando
la alegre borrasca del futuro?

Vendrá el futuro
otra vez a la comarca.

Un futuro de voces agitadas.

Vendrá el silencio otra vez
a anidar en el paisaje.

Un silencio sigiloso.

Hasta se podrá escuchar
el andar  entreverado
del “Maestro de los Palos”(*) (**)
convocando a rebelarse
subiendo al monte del presente.

Vendrá el silencio otra vez a la comarca.

Un silencio sigiloso,
unitario, cuantioso, creciente
echando abajo
los dominios del miedo.

¿Has escuchado acaso,
en medio del silencio
sagrado
de los montes, de los ríos y los lagos
las voces de los caídos
en las cercanías de Neltume?

Presta atención.

Calla y escucha.

Primero creerás que solo es el paso
del viento
enredándose entre las ramas.

Luego pensarás que es la lluvia
cayendo sobre la inmensidad
del follaje.

Finalmente no tendrás duda alguna:
sabrás que son las voces
de los caídos
en las cercanías de Neltume
bajando
por la quebrada del alma.
  
Patricia y Renard.
Santiago, 3 de octubre de 2013

(*) Pedro Purísimo Barría Ordoñez, conocido como el “Maestro de los Palos”, mirista, originario de Valdivia, tenía 22 años cuando fue ejecutado. Había sufrido de poliomielitis en su infancia y tenía la pierna izquierda con una grave secuela (prácticamente atrofiada) lo que le obligaba a usar dos muletas. Esta discapacidad no le impedía para nada ser muy activo y entusiasta. Su padre relata:
“Desde niño fue muy político, porque era muy de avanzada y tenía excelente llegada a la gente. Todos lo querían. Era empeñoso para todo, ¡para estudiar, para trabajar! Le gustaba el fútbol, jugaba al arco". Era el quinto de ocho hermanos. Hacía trabajo político junto a Liendo, Krauss y Barrientos. Había participado en la toma del fundo Carranco.
El padre prosigue: “…fui llamado a la fiscalía militar junto a la esposa de Krauss. Nos notificaron de la sentencia de muerte en contra de mi hijo y la del joven Fernando Krauss. Yo solicité que me entregaran el cuerpo de mi hijo y el coronel me dijo que eso era imposible”. “La última vez que vi a mi hijo fue en la prefectura de carabineros de Beaucheff.” Me reconoció que había participado en el asalto al retén de Neltume, pero que no había matado a nadie. Cuando lo vi estaba completamente rapado y muy delgado. Es la última imagen que tengo de él. Insistí ante el capellán pero éste me dijo que todo estaba finiquitado y que no había posibilidad alguna de defensa. Me dijo que mi hijo había pedido que me entregaran su muleta para que yo la quemara. La muleta nunca llegó a mis manos. No sé qué significado tendría esto para él. Pero esa fue su última voluntad”. (Pag. 66, Chile. Recuerdos de la Guerra: Valdivia, Neltume, Chihuío, Liquiñe. CODEPU-EMISIÓN-1991).

(**) "Los fuerinos eran el Pepe, afincado acá en Neltume y Liquiñe, y allá por Carranco y Paimún estaba el José, que era un compañero de Valdivia que usaba muletas. Este José, cuando niño, había sufrido una poliomielitis, la pierna izquierda le había quedado para el carajo y no podía caminar sin muletas. A pesar de esa limitación se movía con una habilidad increíble por entre los cerros y bosques. Por esa destreza, y como nuestro humor negro  no hace excepciones ni tiene misericordia, a José lo habíamos bautizado como “el Maestro de los Palos”. Tiempo después, cuando lo fusilaron en Valdivia, supe que se llamaba Pedro Purísimo Barría Ordoñez y que tenía 22 años el día que lo mataron”. (De Carranco a Carrán (Las Tomas que Cambiaron la Historia). José Manuel Bravo Aguilera. LOM-2012).
Pablito y el Chico Feliciano (Miguel Angel Sandoval y Guillermo Cornejo Campos)

Hablando con Mateo hace unos días, recordando viejos tiempos y recordando a viejos amigos, me dijo "uno de los grandes olvidados de nuestra historia, es el chico Feliciano". Me quedó bailando en la cabeza esa frase. Y quizás por eso decidí escribir estas líneas. Pero Feliciano no es el único, también estuvo olvidado por mucho tiempo Pablito o el guatón Pablo como le decíamos en el barrio en aquellos lindos tiempos. La diferencia es que Pablito volvió a la primera plana a raíz del fallo de la Corte de Apelaciones que no consideró aplicable la Ley de Amnistía en el caso de su desaparición física. Digo física, porque Pablito junto al chico Feliciano y muchos otros amigos y compañeros, seguirán siempre presentes en nuestros recuerdos. En particular para todos aquellos que fuimos sus amigos en el barrio San Genaro de Renca. En realidad lo quieran o no, ellos hacen parte de la historia que tiene que ver con la Comuna de Renca y en particular con el MIR.

A pesar de haber estado declarado "desaparecido" por mucho tiempo y a pesar de que los responsables del régimen militar jamás admitieron su existencia en Villa Grimaldi, Pablito se ha cobrado una buena mano en las últimas semanas con el fallo de la Corte de Apelaciones que ha dejado sin aplicación la tristemente famosa Ley de Amnistía de la dictadura de Pinochet. Y por consecuencia de ello la detención del responsable de muchos asesinatos, torturas y desapariciones de cientos de compañeros y amigos.

Siempre lo molestábamos con su profesión de sastre. "Nosotros, la clase obrera, tenemos por derecho propio estar en la revolución" decía yo por molestarlo.
"nosotros, los estudiantes -decía Feliciano -siempre hemos estado en la vanguardia de la lucha junto a los trabajadores",
"pero vos como sastre, ¿qué chuchas estai haciendo aquí?", le decíamos y nos cagábamos de la risa. Pablito tenía un carácter super jovial. Humilde y muy respetuoso, y mucho menos palomilla que nosotros. Además, era un hombre siempre interesado en leer y aprender. Poco nos duró ese tipo de mofas, que por lo demás no tenían ningún carácter ofensivo ni despreciativo. Por el contrario era una muestra de nuestra confianza como amigos. Éramos del mismo barrio y nos conocíamos muy bien.

Feliciano, con su carácter serio y de líder innato, era como nuestro hermano mayor. A él llegábamos cuando teníamos problemas personales o cuando nos asaltaban dudas políticas. Un día Pablito, muy serio, nos cortó en seco nuestras bromas habituales post-reunión. "Saben que más huevoncitos -nos dijo -desde los anarquistas de la primera época de las luchas obreras...", como media hora duro la "cháchara" del Pablito. Nos paseó por la historia del movimiento obrero chileno y sus orígenes. Desde las mancomunales hasta la constitución de la CUT. Citando a Recabarren, al trosko Vitale y a otros. Al final solemnemente nos dijo "Y bueno, ¿tengo o no tengo derecho a estar con ustedes, huevoncitos?" -Pero claro compadre -respondimos -no te lo tomís tan serio p'o huevón, si sólo eran bromas p'alegrar el almanaque. Y nos volvimos a cagar de la risa.

Con él siempre había buen humor. Aún en los peores momentos. Hicimos muchas cosas juntos. Desde las más simples de la vida cotidiana hasta las más serias como querer cambiar el mundo. Pero nunca dejamos de ser los "cabros del barrio". De nuestro querido barrio que nos vio crecer. De los bailes, las pichangas, los amores y los desamores, de nuestra pobreza material, de la fidelidad de las amistades y de todo lo que la vida nos enseña en un barrio popular. Junto a ellos pasamos nuestra adolescencia y casi sin darnos cuentas nos metimos "en cosas de adultos ".

Al Chico Feliciano lo conocía desde la infancia. Nos criamos juntos en el mismo barrio renquino de San Genaro . De barrio en realidad no tenía nada todavía, ya que por entonces Renca era "puros potreros". Él era el mayor de cuatro hermanos. Su padre, don Raúl era un excelente mecánico de la ETC. Su madre, la señora Elisa cuidaba de los hijos y de la abuela que también vivía con ellos. Vivían en una casa de madera construida por ellos mismos en la entrada de lo que fue la antigua Chacra San Genaro. Un inmenso terreno que posteriormente fue comprado por la ETC y en la cual vivían algunos de sus trabajadores. Con el tiempo se formó una cooperativa de construcción y se levantó la población San Genaro con casas de buena construcción destinadas a los trabajadores de la ETC. La casa que les tocó estaba en la calle 2 , frente a la de mis primos. De los cuatro hermanos el que más se juntaba con nosotros era el Teco, el segundo. Bueno p'a la pelota, los carretes y la guitarra, era el más fiestero de los Cornejos. En plena adolescencia tuvo la mala suerte de agarrarse una terrible infección en la rodilla por la cual tuvieron que amputarle una pierna. Cayó en una gran depresión que sólo con el amor y el cariño de su familia y amigos pudo superar. Obviamente no pudo jugar nunca más a la pelota pero sus carácter siguió siempre igual. El tercero, el Pato siempre andaba "en otra onda", fanático por la música, excelente guitarrista, adorador de Jimmi Hendrix. El más chico, Queno, nos observaba desde sus cortos años.

El más serio siempre fue el chico Willy (Feliciano). Le decíamos así por la costumbre de andar siempre con gafas oscuras. Se acostumbró tanto a ellas que se transformó en una casi obligada característica personal que sólo abandonó después del golpe y producto de la represión.

Un día cuando tomaba el bus que me conducía a la fábrica Hirmas 2 (Texicron) donde yo trabajaba, subió conmigo el chico Willy, nunca hubiéramos podido imaginar que ese fugaz encuentro cambiaría nuestras vidas.

-Hola flaco, ¿p'a donde vai?
-P'a la pega pos chico, ¿y tú?
-Voy a la Facultad me respondió el chico. Tengo una prueba y no sé cómo me va salir.
-¿Qué estai estudiando chico? -Sociología -me respondió. ¿Y tú dónde estai trabajando?
-Ahí en la Hirmas. En la fabrica nueva.
-Oye. ¿y cuántos trabajadores hay?
-Como 700, y la mayoría somos todos jóvenes, aparte de los jefes que vienen de la Planta Uno.
-Y el sindicato compadre, ¿cómo anda ?
-Ahí no más, no nos inflan mucho; dicen que solo somos cabros y que no tenemos idea de las cosas sociales.
-Sabís Flaco, podríamos hacer algo en conjunto. Quizás si nos juntáramos a discutir un poco podríamos ver la forma de hacer algo.
-Bueno, uno de estos días paso p'a tu casa y conversamos

Y ahí comenzó nuestra segunda historia con el chico Willy. Mejor dicho con el chico Willy y su familia, ya que siempre tuvimos en ellos un apoyo sin límites. Nos juntamos en su casa y empezamos a ver qué podíamos hacer a nivel de la fábrica, y después se nos ocurrió que podíamos tomar contacto con alguien del MIR para tener una visión más amplia de las cosas que pasaban en nuestro país.

El chico se las ingenio para hacer una cita con Andrés Pascal. En esa época Andrés Pascal era un fugitivo de la justicia que junto con otros compañeros del MIR eran buscados por toda la policía a causa de los asaltos de bancos de los últimos tiempos; pese a eso, un día Andrés Pascal llegó a nuestra población, a la casa del chico más exactamente. Ahí estábamos el Chico Feliciano, Pablito y yo. Nos explicó que los asaltos a bancos no eran asuntos delictuales sino "expropiaciones al capitalismo" o "recuperar para el pueblo" lo que los capitalistas nos robaban diariamente.
Confieso que al principio no "caché" mucho sus ideas.
-Pero no hay problemas Flaco -me dijo
-yo los voy a dejar conectado con alguien para que les explique por qué y cómo los capitalistas les roban a ustedes diariamente su fuerza de trabajo. Y lo que nosotros hacemos no es nada más que "recuperar" lo que a ustedes les roban diariamente.

Ese alguien fue el rucio James -Patricio Munita-, con el que compartiríamos tantos y lindos días de nuestra juventud.

Nos gusto el discurso de Andrés; y más aún su imagen de joven bien educado, honesto de "buena cuna" que se preocupaba de los más pobres. Era la primera vez que veíamos alguien dedicado a la política que tenía un discurso de esa naturaleza hacia con nosotros, cabros pobres, de origen humilde que sólo habíamos visto a "politiqueros de turno" venir a darnos charlas para juntar votos y después "chao pescao". Una vez pasadas las elecciones ni siquiera se acordaban de nosotros. Como decían nuestros viejos.

Esa sencilla reunión que podría aparecer como algo anecdótico, pasó a ser el acto fundador del MIR en Renca. Los viejos miristas se acordaran de la importancia que tuvo Renca en el desarrollo del MIR en Santiago.

Largo sería nombrar a todos aquellos que compartieron nuestras casas, nuestros humildes hogares, en aquellos tiempos de honestos sueños e ideales. De aquellos que nos ayudaron, que nos protegieron, que nos mostraron su entereza, su lealtad y coraje como la señora Elisa y don Raúl. Esa es parte de otra historia que aún no está escrita. Por ahora estas líneas sólo tienen el impulso de la emotividad. Del recuerdo que surge al ver el nombre del Guatón Pablo en todos los titulares de los diarios. De la revancha que se cobra después de treinta años y que nos hace grandes en el recuerdo de toda esa juventud que un día nos hizo crecer y creer que un mundo distinto es posible

Flaco Lucho desde Bélgica,  marzo 2005



Un 11 de Septiembre inolvidable


Enterados del golpe de estado en marcha, lo primero que hicimos con mi compañera fue buscar nuestras armas y reunirnos con los demás miembros de la unidad de nuestra organización en el punto que habíamos acordado para este tipo de eventualidad, luego capturamos un par de vehículos y concurrimos raudos a la zona donde debíamos actuar.

En el camino, Alameda abajo, fuimos sorprendidos por la masiva afluencia de personas que llenaban las calles laterales corriendo hacia la ancha avenida y marchando a la casa de gobierno con gritos alusivos a la contingencia. Nos llamó la atención la participación masiva de sacerdotes y monjas vitoreando consignas libertarias y antigolpistas, liderando grupos de feligreses que también las coreaban, incluso nos pareció divisar a algunos purpurados que trataban de ponerse a la cabeza de la muchedumbre. Pero, sin duda, la participación popular era determinante y hegemónica, especialmente de mujeres y hombres trabajadores.

En pocos minutos, a pesar de no ser más de las 8 de la mañana, las calles estaban atestadas de una multitud vociferante y activa. Todo el mundo caminaba alerta y entusiastamente hacia el centro de la ciudad, en dirección a La Moneda.

A poco andar se nos hizo imposible continuar en el vehículo y decidimos seguir a pie, pero antes escuchamos por radio la declaración del gobierno llamando a defender la república y la legalidad democrática, además de las informaciones que decían que en la mayoría de los cuarteles, comisarías, reparticiones militares y embarcaciones de la escuadra, los suboficiales, tropa y soldados desobedecían las órdenes de sus mandos golpistas, apresándolos, y premunidos de sus armas salían a las calles, confraternizaban con las fuerzas civiles de trabajadores, pobladores, campesinos, estudiantes, mujeres y hombres que concurrían a las plazas públicas y a las gobernaciones provinciales para manifestar su apoyo al gobierno, defender el estado republicano y constituir comités de poder popular con participación de civiles y soldados leales.

Todos los partidos del conglomerado gobernante llamaban al pueblo a defender activa y masivamente las conquistas alcanzadas. También las organizaciones de izquierda no partícipes del gobierno, como la nuestra, convocaban a salir en su defensa de tal manera de derrotar al golpismo pasando a la ofensiva, sobrepasando la legalidad, llamando a una asamblea constituyente y profundizando las medidas favorables a las grandes mayorías del país.

No habíamos avanzado más de un par de cuadras cuando dimos de bruces con camiones militares atestados de soldados que, empuñando sus armas, saltaban a la calle sumándose a la manifestación, y muy pronto también emergieron coches policiales desde los cuales cientos de efectivos se incorporaban a la muchedumbre.

Inmersos en la multitud alcanzamos una zona desde donde lográbamos tener una visión clara de la casa de gobierno y sus alrededores, así como de la inmensa, gigantesca manifestación popular coreando casi al unísono gritos alusivos a la necesidad de impedir el golpe y tomar medidas drásticas contra sus instigadores civiles y militares.

Éramos miles y miles, nunca antes se había asistido a una manifestación tan masiva y definitiva. El presidente Allende salió al balcón que miraba hacia la Alameda, saludó a la multitud levantando la mano y, con el timbre metálico de su voz, dijo:

“Compañeras y compañeros, bajen las banderas para que el pueblo pueda ver a su compañero presidente…”.

El pueblo reunido aplaudió, lo vitoreó y se dispuso a guardar un silencio expectante a la espera de sus palabras, pero en ese preciso instante se escuchó el trueno sordo y rasante de tres aviones caza rasgando el cielo gris y neblinoso.

 Una fina llovizna caía sobre todos nosotros, empapándonos.

Todas las miradas se levantaron hacia la amenaza que se aproximaba como un rayo.

Durante un interminable segundo vimos cómo se acercaban las máquinas mortíferas e iniciaban, en picada, el ataque contra el edificio símbolo del poder.

Todo el mundo miraba hacia el cielo y proyectaba su visión sobre los cazas que evolucionaban hacia la casa gubernamental.

De pronto, el primer avión se detuvo en el aire, quedó fijo e inmóvil envuelto en esa llovizna persistente y en el cielo gris; luego, el segundo y el tercero.

La multitud acrecentaba poco a poco la potencia de su mirar.

Las tres naves fijas, estáticas en el cielo, lenta, muy lentamente comenzaron a desarmarse pieza a pieza. Cada lámina de su estructura, cada tuerca y tornillo comenzaron a caer en forma suave y leve sobre un espacio abierto entre la multitud. Por último, los tres pilotos descendieron en sendos paracaídas hasta posarse sobre el pasto de la plazoleta y, no pudiendo resistir la mirada acusadora del pueblo, pusieron pies en polvorosa en dirección a parajes de arrepentimiento y reflexión.

Al cabo de los hechos, en medio de un silencio alucinante, una mujer elevó su voz anunciando el comienzo de una nueva era sobre esa tierra larga y sobre su sufrido pueblo. La multitud hizo coro y se dispuso a hacer realidad sus mejores sueños.

Es cuando siento el golpe y el sueño se derrumba.

El golpe viene desde la culata de un fusil, es mi turno en la parrilla y no terminan de tumbarme sobre el camastro metálico cuando ya me acercan la picana.

Sé que debo resistir.

Todavía hay mucho por hacer.

Renard Betancourt M.
 

CUARENTA AÑOS DESPUÉS…

Tan caídos pero cayendo y sin terminar nunca
de caer.

Matías, Feliciano, Diana, Lumi,

Cayendo,
cruzando la línea esa del fuego
la última línea del tiempo
el paso largo
donde la eternidad no desespera

Martín, Catú, Alfonso, Cucho,

Cayendo
yéndose hacia lo otro
empujados por la soldadesca chilena
patriotas de la única patria: el poder, los poderosos.

Compañeras, compañeros.
han pasado 40 años y es poco lo conseguido,
prácticamente nada…, uno que otro ladrillo invisible

Miguel, Bautista, Denrio, Jécar

Cayendo acribillados
en ese tiempo que vuelve y se va y vuelve
en esa herida que sigue siendo capaz de traspasar
la niebla
y los trae a ustedes y los deja aquí mirándonos
suavemente mirándonos
suavemente convocándonos
casi en un susurro

Ustedes nuestros caídos
Compañeras compañeros

Cayendo una y otra vez…

Dagoberto, Malo, José, Ratier, Edgardo
Coño Aguilar, Bordáz, Chico Pérez,

Compañera, compañero.

¿Y qué hemos hecho nosotros?

Girar en torno de este mundo
como leones enjaulados
hacer uno que otro aspaviento
gritar de vez en cuando
mirarnos en el espejo del pasado

Y sobrevivir…
qué triste
simplemente sobrevivir

Y de pronto intentar
ir hacia los bosques del ayer
y hurgar en la tierra quemada y arrasada
y dar a veces con el barretín de ese tiempo ardiente
y desenterrar una que otra arma
oxidada o no

Por ejemplo el arma de la ira
el arma de los sueños
el arma del final de la espera
el arma de la impaciencia

Por ejemplo la fotografía de un compañero cayendo…
o de una compañera cayendo…

Eso hemos hecho a veces
y tejer una red
o destejer una red
una red invisible
una suerte de telaraña
bien digo

Carlos, Enrique, Gonzalo,
Juana

Pero sobre todo ahora son los jóvenes otra vez
así como ustedes
jóvenes
jóvenes de manos limpias

Compañeras  compañeros

Luciano, Pepe, Fernando, Marcela

Han pasado estos años     cuarenta años
volando
y no hemos hecho revolución alguna

En cambio el poder avasalló
y continúa su tarea
y no hemos puesto freno

Claro, no es cuestión de solo querer
frenar el aluvión del capital

Han pasado estos años
cuarenta años
mal digo

Y ustedes han seguido cayendo
una y otra vez
cayendo y cayendo

Cruzando del otro lado
empujados por los héroes de la patria
la soldadesca chilena
y los civiles poderosos
y los civiles también no tan poderosos
y los serviles sin ningún poder…

Pedro, Juan, María, Helena, compañera
compañero

Cayendo

Pero hay una gota de aliento
eso al menos podemos mostrar
una gota de aliento
un aliento leve al principio
viene del pueblo llano
del pueblo cansado
hastiado     sufrido pueblo
vapuleado
pueblo

Y de los jóvenes
viene el aliento tal

Primero solo eso: un aliento.
un aliento similar al aleteo de la mariposa
Entonces más bien un leve aleteo de mariposa
aleteo leve que ha adquirido una cierta constancia
sobre el invierno largo en que nos ha maniatado
el poder…
  
Eso sí podemos mostrar
un leve comienzo de algo
no diremos un camino
ni siquiera una brecha
y este aleteo no es un invento nuestro
no es un invento de nadie en particular

Se trata sencillamente
de un aliento

El primero
un soplido desde el fondo del alma
Humana

Pero de fondo se escucha a veces
Tarde, casi en la madrugada,
el sonido
grave
duro
intransigente
violento
verdadero
del mañana
donde la verdad desentierra todas las armas

Compañera compañero

Del mañana en que ustedes no seguirán cayendo
ni una ni dos ni tantas veces
ni nadie ya caerá

Sino que todo será un alzamiento
Aquí
Allá
Mundial

Llevará aún un tiempo
sin embargo
unos tantos años
quizás décadas
lustros y décadas
O siglos
pero qué es el tiempo
un rodeo
un círculo

Pero entonces ya tenemos algo concreto
por hacer
sumar nuestro suspiro
nuestro aliento
Pero para entonces
nadie
nadie
estará cayendo
sino el poder y los poderosos.

Digo bien
se escucha
el aliento   el aleteo
un suspiro radical del alma humana 
buscando su liberación.

Renard Betancourt M.


NARANJOS EN EL HUERTO DE SU CASA

A la memoria de Guillermo Cornejo Campos,
conocido entre nosotros como Chico Feliciano,
camarada y compañero

No recordaba que en el patio de la casa de tus padres
en aquellos lejanos años había naranjales,
pero sí tenía memoria de la casa misma,
del patio de tierra, de la vereda rota, de la calle que parecía
llevar en dirección al único horizonte. Eran  otros tiempos
sin embargo.

Ahora la misma calle (Calle Seis cerca de Arturo Prat en la
comuna de Renca) luce pavimentada y las casas se ven
pintadas
y bien tenidas, pero el entorno comunal,
no cabe duda,
ha sufrido el feroz embate del salvajismo neoliberal…,
sin duda se trata de otro mundo,
sórdido, miserable, marginado…

Aquí asistimos a la postura de una placa conmemorativa
con tu nombre, una placa de losa que dice:

Y es un sábado 27 de agosto de 2013
y hay poca concurrencia, algunas compañeras
y compañeros,
un puñado de vecinos que, según nos dicen, algunos
temían asistir…,
porque el miedo todavía en Chile…

Al final somos casi un ciento.

Y hay algunas palabras para Feliciano y también
para un compañero vecino cuyos padres vivían
en la casa de enfrente,
también detenido desaparecido pero antes, en 1974,
más bien ambos detenidos hechos desaparecer…,
Ramón Núñez Espinoza… era su nombre.

No recordaba que en el patio de la casa de tus padres
en aquellos lejanos años había naranjales…,
pero ahora sí los hay
y la casa está pintada de blanco…
pero no están ni tus padres ni tú…,
tampoco tus hermanos salvo uno, que se le ve
aquí,
taciturno,
escuchando los breves discursos donde reseñan
y hacen recuerdos de los caídos en la lucha…

No es un día de sol, más bien hay un cielo arrasado
de nubes pero de pronto éstas son rasgadas
por una ráfaga
de luz y la cara del sol emerge abrupta
y esplendorosa…

Alguien canta, un muchacho, y rasguea una guitarra
y su voz nos estremece,
habla de desgarros, injusticias y combates...

Llega un grupo de jóvenes desenfadados, alegres,
seguramente simbolizan un futuro mejor…

Pero ahora, ahora mismo, sigue habiendo poderosas
razones para luchar,
impostergables razones para luchar, urgentes razones
para luchar y no es necesario enunciarlas, cualquiera
se da cuenta,
cualquiera que no esté atrapado en las redes del poder.

No recordaba que en el patio de la casa de tus padres
en aquellos lejanos años había naranjales…
  
Pero ya se hace tarde, la desgarradura de la luz entre las nubes
ha sido suturada por una espesa niebla…
Y a estas alturas lo único que va quedando claro es
la necesidad de luchar
y la emergencia de volver a plantearse
la toma del cielo por asalto…,
de otro modo seguiremos varados de homenaje en homenaje
y de lágrima en lágrima, cuando precisamente se trata de pasar
de una vez por todas a la certidumbre de la ofensiva
de los condenados de la tierra…

No recordaba que en el patio de la casa de tus padres
en aquellos lejanos años había naranjales… 

Renard Betancourt M.