Eclipse total de Luna
Dedicado a Marta Quezada
La luna se pondrá roja antes de apagarse totalmente y
permitirá a las estrellas volver a brillar en todo su esplendor, esas mismas
que cada noche parece que se van a caer sobre los cerros que nos rodean. La radio
está anunciando hace días el eclipse total de luna de la noche del martes 12 y
la madrugada del miércoles 13, por suerte no es martes 13 porque hubieran
inventado obscuros vaticinios en los que no creo, pero que asustan igual.
Juan piensa que los eclipses de luna son mucho mejores que
los de sol, porque son más largos y no es peligroso para la vista el
observarlos, el es médico y seguramente tiene razón en eso. Mi mamá, en cambio,
dice que puede ser peligroso para la guagua que está por nacer, Juan se ríe y
no dice nada, para no contradecirla (es mejor no meterse con la suegra). Esmeraldita aún no piensa nada porque
tiene un año y medio y –tocándose la guatita– éste menos.
Por fin va a pasar algo entretenido, lo que me alegra mucho.
Ya es Abril y hace más de un mes que se han ido los últimos visitantes del
verano. Da trabajo alimentar a la tropa de sobrinos que llegan a pasar sus
vacaciones, pero nos alegran tanto con sus locuras y nos mantienen
tremendamente ocupados. No me importa que me roben los cigarrillos, seguramente
son las chiquillas, pero mejor me quedo callada, porque yo hacía lo mismo con
mi hermano Jorge. También llegan amigos de nuestra generación tan buenos para
conversar, fumar, tomarse un traguito o varios, escuchar música, a veces hasta
bailamos y las revolvemos.
El otoño da sus primeros pasos y me pongo melancólica, el
embarazo también contribuye a que esté más sensible, lo bueno es que me han
recomendado caminar y el campo está lindo, yo me voy por el camino pisando
hojas amarillas, mientras mi mamá cuida a la niña. Luego vendrá el silencio que
durará largos meses, la lluvia y el barro impedirán mis paseos.
Voy a pedirle a la cocinera que prepare algo especial y que
lo sirva un poco más tarde, mi marido sugiere un pavo asado, es lo que siempre
pide para su santo, le daré en el gusto porque faltan más de 2 meses para San
Juan. Invitaremos a los Miret nuestros vecinos más cercanos que viven a medio
kilómetro de aquí, para estar más animados porque los cuatro: mi mamá, Juan, la
niña y yo no seríamos capaces de prolongar la velada hasta pasadas las diez
cuando empieza el espectáculo y la luna se va a ir poniendo anaranjada y roja
antes de obscurecerse totalmente. Tanto lo han comentado en la radio que ya me
lo imagino clarito. Alguna vez vimos un eclipse en Santiago, pero parece que no
le dimos mucha importancia y no me acuerdo muy bien. Con la hora estoy algo
confundida, porque la anuncian con precisión para Santiago y para Talca, pero
no dicen nada sobre la Estación de Perquin, ni tampoco sobre el Sanatorio de
Los Maitenes, donde vivimos desde hace más de un año.
A última hora invitamos también a la señorita Ana, la
solterona que cuida los cuyes y hace los exámenes a los enfermos de
tuberculosis, no somos muy amigas, pero me da pena que esté sola. Los vecinos
vienen con los niños, seremos seis adultos y cuatro niños, porque éste que
tengo en la barriga (esa es palabra de mi mamá) todavía no cuenta, tiene 14 o
15 semanas como máximo, aunque ya sé que es un niño por la acidez que me da a
cada rato y porque la guatita, aunque pequeña aún, está como en punta, ni
parecida a como la tuve cuando esperaba a Esmeraldita.
Los Miret llegaron tempranito y trajeron una torta que hizo Delia, la cubrió con confitura de naranja y realmente parece una luna llena
más o menos del color que se supone que mostrará dentro de poco. En todo caso,
aún no aparece en el cielo la protagonista del evento, pero al menos no hay
nubes que puedan molestar, la tibia luz de las estrellas hace que la noche sea
luminosa, aún sin la presencia lunar. Me pone un poco nerviosa que con todos
los preparativos no aparezca la desgraciada y nos deje con los crespos hechos.
Pero, no, nada puede arruinar esa cena, con luna o sin luna, con eclipse o sin
eclipse, lo vamos a pasar bien igual. Lo único que sería grave es que se nos
quemara el pavo, pero ya lo sacamos del horno y está listo para meterle
cuchillo y servirlo.
Llegó también la señorita Ana y trajo dos botellas de pisco
sour, recién preparado por ella misma, confirmando los rumores de que es buena
p´al trago. El pisco sour se incorporó al aperitivo y parece que estaba
riquísimo porque le dieron el bajo tan rápido que yo no alcance a probarlo
siquiera, pero mejor porque dicen que a la guagua no le conviene que la mamá
tome cosas con alcohol, le puede hacer mal, sobre todo si es un licor fuerte.
Juan puso a sonar los pocos discos de acetato que tenemos,
pero yo confío más en que el pisco sour de la señorita Ana y el vino que lo
siguió nos haga cantar a todos que ya estamos alegres antes de servir la cena.
De los discos pasamos a la radio que hablaba del eclipse y
contaba la historia anticipadamente. Todas las conversaciones eran sobre el
mismo tema.
–Yo creo que Martita no debiera mirar el eclipse, porque
dicen que si ella se toca una parte de su cuerpo, la guagua nacerá con una
mancha en ese lugar– dijo mi mamá en un momento en que las conversaciones y las
risas habían disminuido y todos la escucharon clarito.
Delia, dijo que su cuñada tenía una mancha de esas, en su
mejilla derecha, apoyando la sugerencia de mi madre.
Y como si se hubieran puesto de acuerdo, apareció la Rosa
con el pavo y dijo que su hermana también tenía una mancha medio roja en su
brazo y que su mamá le echaba la culpa a un eclipse que hubo cuando estaba
embarazada.
–¿Qué piensas tu Juan? ¿Será peligroso que mire la luna
durante el eclipse? – Pregunté sabiendo lo que pensaba mi marido y la autoridad
que le daba el hecho de ser médico.
–Yo respeto mucho las creencias populares, ustedes saben que
recurrí a la curandera de Corralones, para que me enseñara a
quebrar el empacho, pero en este tema parece que se equivocan. No existe
ninguna relación entre una cosa y la otra– dijo categóricamente, Juan
contradiciendo a su suegra y a las otras mujeres.
El marido de Delia le dio inmediatamente la razón a Juan,
quizás por solidaridad de género, puesto que eran los únicos hombres de la
reunión.
Bueno, no se preocupen ustedes, que yo ya soy grandecita,
tengo más de 21 años una hija y un pedacito de hijo y yo voy resolver si veo o
no el eclipse, acuérdense de que las mujeres en Chile desde enero de este año
ya podemos votar en la elección presidencial.
Y para que esto fuera la última palabra sobre este asunto
traté de cambiarles el tema. Les llamé la atención sobre lo extraño que era que
aún no hubiera aparecido la luna y ya faltaba poco para que se iniciara el fenómeno.
Esto, no tranquilizó el ambiente, pero desplazó el motivo de preocupación. La
única explicación posible era que los cerros estuvieran tapando la luna.
El pavo estaba exquisito acompañado de papas con mayonesa y
ensalada de apio, como entrada había servido un consomé con huevo y la torta
estaba deliciosa, acompañada de un café de grano de verdad que me habían traído
de regalo unos amigos que estuvieron en el verano. Pero de la luna nada.
Salieron algunos a buscar la luna a una pequeña terraza que
servía de lugar de juego para los niños, desde donde se podía observar todos
los cerros. Ese era el momento en que tenía que decidir si saldría o no
saldría, si correría el riesgo de una mancha en la piel de mi hijo. Pero ya
había insinuado que saldría y no me iba a echar atrás, sin embargo tenía mis
dudas.
Podría estar detrás del cerro de la Cruz que era el más alto
del pequeño valle donde estaba el sanatorio y que debía su nombre a la Cruz que
había mandado colocar ahí el Doctor Herrera, después de haber dado muerte a
balazos a un bandido que quiso asaltarlo con un hacha. Esa historia había
estremecido a los habitantes del sector y por poco no cierran el Sanatorio.
Aunque claramente el doctor actuó en defensa propia, se sintió muy abatido,
hizo colocar la Cruz y cada año mandaba a hacer una misa, además renunció a su
cargo de Director del Sanatorio y Juan llegó a reemplazarlo. Indirectamente eso
había llevado a nuestra familia a instalarse allí en plena pre-cordillera donde
se suponía que el aire era mejor para los tuberculosos, aunque en el fondo se
trataba de aislarlos para que no contagiaran a sus familiares y a quienes los
rodeaban.
– Parece que viene por detrás del cerro de la Cruz, porque
ahí se ve más claro – dijo Juan que estaba bastante ansioso de ver la luna.
Sin pensarlo más, salí también a la terraza, pero llevando
mi mano derecha cerrada y apoyándola allí donde la espalda cambia de nombre.
Salí justo a tiempo para unirme al coro que exclamaba un interminable ¡Ooohhh! Al
ver como aparecía una luna inmensa justo por detrás de esa cruz que se
levantaba en la pequeña meseta de la cima. Nunca habíamos visto una luna tan
grande y ya de un color rojizo intenso, lo que me atemorizó y hasta me arrepentí de
haber salido, pero ya me la había jugado y dejaría mi mano en ese lugar durante
todo el tiempo que estuve afuera.
La luna que se había tardado tanto en aparecer ahora parecía inmóvil como si se hubiera enredado en la Cruz y no pudiera seguir ascendiendo en el cielo, todos la mirábamos como hipnotizados y la descomunal luna seguía ahí, nosotros sin quererlo aguantábamos la respiración, sabíamos que estábamos observando algo anormal, extraño, increíble, pero no queríamos aceptarlo, sentíamos temor, pero no queríamos que se echara a perder la fiesta con cosas raras, sin embargo no pudimos evitar el acercarnos a los demás haciendo que el grupo fuera más compacto, parecía una forma de protegernos mutuamente de lo que no podíamos comprender y que no queríamos admitir. nadie decía ni pío, pero empezamos a mirarnos en silencio y con los ojos muy abiertos, mi mamá estaba a punto de llorar cuando se rompió la magia y la luna ascendió rápidamente dejando abajo la Cruz y su embrujo. No hubo ningún comentario. Todo siguió super normal
La luna que se había tardado tanto en aparecer ahora parecía inmóvil como si se hubiera enredado en la Cruz y no pudiera seguir ascendiendo en el cielo, todos la mirábamos como hipnotizados y la descomunal luna seguía ahí, nosotros sin quererlo aguantábamos la respiración, sabíamos que estábamos observando algo anormal, extraño, increíble, pero no queríamos aceptarlo, sentíamos temor, pero no queríamos que se echara a perder la fiesta con cosas raras, sin embargo no pudimos evitar el acercarnos a los demás haciendo que el grupo fuera más compacto, parecía una forma de protegernos mutuamente de lo que no podíamos comprender y que no queríamos admitir. nadie decía ni pío, pero empezamos a mirarnos en silencio y con los ojos muy abiertos, mi mamá estaba a punto de llorar cuando se rompió la magia y la luna ascendió rápidamente dejando abajo la Cruz y su embrujo. No hubo ningún comentario. Todo siguió super normal
Delia se fijó en lo que había hecho todo el rato con mi mano y lo encontró genial, ella
siempre me apoyaba, solidaridad de género también. –Si el niño sale con una
mancha ahí, no va a enterarse mucha gente–, dijo con sabiduría y buen humor. Y
empezó a contarle a todo el mundo, lo que a mí me dio un poco de vergüenza,
por lo cual me serví otro pedazo de torta, para tener la boca llena y no tener que dar
explicaciones a nadie.
En Septiembre nos fuimos a San Fernando donde tuve la
guagua. Efectivamente fue un niño y me lo anunció la matrona, antes de entregármelo
envuelto en una sábana. Lo recibí con un beso, retiré la sabanita y lo examiné…
Allí en su glúteo derecho había una pequeña marca de color rosado con la forma
de una luna nueva.
El fantasma de George Washington
Este texto estuvo desaparecido de este Navío, como lo suelen hacer los fantasmas. La razón era muy justificada. Le pedí que participara en el concurso "Concepción en 100 palabras", no obtuvo ningún premio, pero fue seleccionado entre los 100 mejores cuentos de la 6ta versión y salió a circular en papel, lo cual es el sueño de todo texto. Bien por él. Espero que no se haya vuelto muy engreído, porque ahora lo necesito de regreso en su versión digital.
* * * * *
El fantasma de George Washington
No alcanzó a escuchar el sonido de la bala que lo mató. Ni a emitir el menor gemido. Simplemente cayó desplomado. En cada aniversario de su muerte, un viejo oficial se pasea con el uniforme antiguo, el de la Guerra del Pacífico. Sus pasos no dejan huella, sus pies no tocan el suelo. Nadie se asusta. Hasta los conscriptos saben que se trata del fantasma de George Washington. De tarde en tarde aparece un despistado que pregunta: "¿Qué hace el fantasma de George Washington en Concepción". Y alguien le explica que es el fantasma del coronel George Washington González.
Juan Schilling
Eso, ellos no lo saben
40 lucas me
costó la gracia, 40 lucas que salieron enteritas de mi escuálido bolsillo, ante
todo porque mi psiquiatra, el muy muy no tenía convenio con mi isapre, la
secretaria del muy muy me tranquilizó con un "no se preocupe, su isapre le
reembolsará de acuerdo a su plan" y yo que estaba convencido que mi plan
debería ser una maravilla con todo lo que me descuentan, entregué mis 2
billetitos anaranjados con una confianza inexcusable y que no me caracteriza.
Después, en mi isapre me mandaron a freír monos porque según ellos ya había
completado mi cuota de psiquiatría y que el reembolso existía, por supuesto que
existía, pero era igual a cero. Un misterio matemático que superaba largamente
mis posibilidades de comprensión.
Todo partió
con mi blog que es gratuito, aunque me acaba de costar 40 lucas. Reconozco que
la culpa fue mía porque se me ocurrió mirar las estadísticas del blog que se
mueven con bastante lentitud, pero esperando un milagro de vez en cuando les
hecho una mirada.
Las visitas
del día eran anormalmente altas: 50 visitas, descontando una que era mía,
quedaban 49, lo cual era algo emocionante. Revisé los textos que habían sido
leídos y eran todos, cada uno tenía una visita. Miré el mapa de audiencia y un
verde muy obscuro señalaba una isla asiática que debía ser Japón, lo cual fue
confirmado por el sistema.
Eso
significaba que aparte de mi, alguien en Japón se había dado el trabajo de
recorrer todo mi Navío de los Locos, hasta las entradas más antiguas,
incluyendo algunas que estaban publicadas como borradores, a las cuales se
suponía que solo yo tenía acceso. Primero me imaginé que podía ser algún
compañero que se había quedado anclado allá tan lejos con el corazón lleno de
nostalgia como para bucear en mi blog hasta el último rincón, pero luego me
cayó la teja, debía ser algún policía, encargado de monitorear lo que escribo. La
otra posibilidad es que se tratase de una inteligencia artificial de algún
servicio secreto japonés, lo que lejos de tranquilizarme, me hacía sentir ante
un enemigo implacable, un ninja cibernético.
El
psiquiatra me explicó que yo no era alguien "tan" importante en el
concierto internacional como para preocupar a la policía japonesa o a algún
servicio secreto nipón. Ese "tan" quedó rebotando dentro de mi cabeza
como si fuera el sonido de una campana, lo que me obligó a dejarle claro que él
no estaba calificado para evaluar la importancia de mis textos y, aunque él
estuviera en lo cierto acerca de la escasa importancia de mi obra, ese era un
hecho completamente desconocido para los nipones y por lo tanto era lógico que
monitorearan El Navío de los Locos.
Fui enfático
al decirle: "yo sé que mis textos no tienen importancia, pero eso ellos no
lo saben"
Como el
desacuerdo era total, el muy muy la hizo corta me dijo que tenía estrés laboral
y me despachó con una receta de esos remedios marcados con una estrella roja y
como ese tipo de receta queda retenido en la farmacia debía volver el próximo
mes. Yo lo observaba, haciéndome el distraído y me pude dar cuenta que escribía
en mi ficha "episodio de paranoia incipiente"
Me despedí
con educación y compostura sin gritarle que era muy muy ni nada, aunque la
secretaria del muy muy debe haber visto como me retorcía de la risa mientras
esperaba el ascensor.
El muy muy
había diagnosticado paranoia incipiente y nunca supo que desde hace
50 años, me detengo ante las más extrañas vitrinas para aprovechar sus
cristales como espejos y ver quienes están a mi alrededor, de tanto en tanto me
agacho a amarrar mis zapatos que insisten en desamarrarse para permitirme mirar
hacia atrás y siempre camino en la dirección del tránsito para que al cruzar la
calle la excusa sea perfecta, técnicas de contra chequeo que me han permitido
detectar a ciertos hombres muy altos, con gafas obscuras en días nublados y las
manos en los bolsillos de sus gabardinas negras...
Cara a cara con Trump
Hacía tiempo que no me pasaba. No había tenido un mal sueño, más o menos
desde que dejé de ver las noticias en la tele, de acuerdo a lo que me recomendó
el neurólogo. Él también me prohibió usar la palabra pesadilla, pero así
tachada no creo que tenga mucho poder. El discurso empezó con que mencionar las
pesadillas predisponía... y ahí me puse a pensar que pesadillas y
predisponía empezaban con la letra pe y eso podría tener algún significado, no
recuperé la concentración hasta que me recetó unas pastillas palabra que
también empieza con esa misma letra lo cual refuerza el supuesto de estar ante
algo significativo. En resumen, ahora en lugar de las noticias veo series, hace
poco terminé de ver La Casa de Papel y empecé con Lucifer que no tiene la misma
calidad, pero sirve para reconocer que la anterior sí era buena.
Anoche, agobiado por el exceso de trabajo y necesitando en
forma urgente una dosis de enajenación, me acosté pensando en mi sueño de juventud,
cuando quería ser corresponsal de guerra, y ahora hasta de pensarlo me duelen
los huesos, pero igual me gustaría a pesar del infarto, el sobrepeso, el colesterol, las cataratas... ese debe haber
sido el detonador.
En fin, sea por lo que sea, me encontré cara a cara con
Trump, en su blanca casa y al parecer como invitado. Me saludó como a Macrón y
por un momento temí que me quisiera sacar alguna caspa de mi chaqueta. Yo
estaba vestido con mi ropa de siempre, nada de traje, nada especial. Me saludó
en español con acento mexicano lo que me causó tanta gracia que casi me rio en
su rosada cara, pero logré controlarme y comportarme. En realidad la situación
era como para auto pellizcarse y despertar, pero ese no era mi estilo yo no iba
a perder la posibilidad de entrevistarlo, si era un mal sueño había que ser
valiente y continuar hasta el final sin buscar atajos de salida.
Al hablarme me trataba de señor Chi Ling, así separando mi
apellido en sus dos sílabas lo que le daba un sonido oriental. Yo le
correspondía tratándolo de señor Trump haciendo retumbar la "u" como si
estuviera imitando a Maduro, por suerte mi anfitrión no notaba nada raro en mi
forma de expresarme. El hablaba mucho de nada y yo le seguía la corriente
esperando mi oportunidad para hacerlo hablar de algo más útil que pudiera ser
publicado por la Agencia Medio a
Medio.
Entre tanta nadería surgió una afirmación que me hizo
comprender porqué me encontraba en ese lugar hablando con ese personaje. Trump
me soltó el rollo de este modo:
- El
FBI, aunque yo no me fio mucho de ellos, me ha confirmado que usted tiene un
cierto parentesco con Chi Ling Ping. ¿Qué me puede decir usted de eso?
Me
demoré un poco, lo justo para darme importancia, pero no tanto para que se transparentaran
mis pensamientos porque lo que tenía en mi mente es que el caballero estaba
chalado. Respondí entonces.
- No
puedo afirmar ni negar dicho parentesco, señor Trump, pero yo mismo en
ocasiones digo que los Ping son la rama oriental de mi familia más bien por una
corazonada que porque existan antecedentes en ese sentido. Ahora, con lo que
usted me dice creo que el FBI ha estado haciendo escuchas indebidas de mis
conversaciones.
- Mira
Chi Ling- dijo tuteándome y quitándome el señoreo- Esos del FBI escuchan hasta
mis conversaciones más íntimas, así que no me extraña que te espíen a ti, pero
no le des importancia a eso por favor. Lo que quiero preguntarte, seas pariente
o no del Ping ese, es si el chino es de fiar a o no?
Aquí me
puse cauteloso y le respondí con otra pregunta.
- Antes
de responderle eso cuénteme que movida está tramando en lo internacional, señor
Trump? - pregunté sin caer en la trampa de empezarnos a tutear, yo lo iba a
señorear todo el rato.
- Para
serte franco, lo internacional me importa un bledo, pero sirve para tener a mis
gringuitos preocupados del espectáculo de afuera y nadie proteste aquí dentro,
pero lo que te quería ofrecer es que seas mi consultor personal en asuntos
orientales, si te interesa. Tus honorarios los depositará la CIA en un paraíso
fiscal a tu elección.
Inmediatamente,
pensé que esos honorarios compensarían largamente la ridícula pensión que algún
día cercano recibiré de mi AFP y me disponía a aceptar un ofrecimiento que,
aunque desconocía su expresión numérica, ésta no podía ser pequeña. Sin
embargo, tuve una mala idea, una pésima idea, una preguntona idea.
- Señor
Trump -, hice la pausa necesaria y disparé (metafóricamente por supuesto) -
¿Cree usted que valió las 60 vidas humanas instalar su embajada en Jerusalén. Y
una segunda pregunta, si me la permite, porqué fue tan valiente y envió a su
hija a la inauguración y no fue usted mismo?
Sabía
que no debía hacer dos preguntas en una porque corría el riesgo que solo me contestara
la última, pero nadie podía prever lo que ocurriría: el gentil señor Trump, empezó
a sufrir una metamorfosis, que no se ha visto ni en Hulk ni en las películas de
hombres-lobo. Primero fue el cambio de color de su rostro que pasó del rosado
tipo manzanita a un rojo jaiba cocida muy intenso. Sus ojos empezaron a brillar
como sucede en algunas malas fotografías, parecía que tuviera lentes
intraoculares fosforescentes que combinaban con el tono jaiba que cubría hasta
sus horribles orejas. Abrió sus fauces más grandes que las del lobo de
caperucita y yo ingenuamente creí que oiría su respuesta, pero de su garganta solo
salió un grito ahogado y espeluznante, agitó fuertemente su cabeza y su
peluquín salió de su sitio y dejó a la vista dos incipientes cachos como los
del que te dije y se tiró un pedo horroroso que olía a huevos podridos, era ácido
sulfídrico químicamente puro. Me empecé a ahogar como en una crisis de asma y pensé
que sumaría un nuevo achaque a la larga lista, pero no fue así, afortunadamente
desperté, sudando en pleno invierno, pero desperté y una bocanada de aire puro
inundó mis pulmones.
...
En la última sesión el neurólogo me dijo: despertar a tiempo
es lo más sabio que se puede hacer en un mal sueño. También me recomendó
cambiar de serie. Él estaba viendo una muy buena que se llama Merlí.
La duda de Hamlet
Marxista a mi manera
"Los
filósofos no han hecho más que interpretar de
diversos modos el mundo, pero de lo que se trata
es de transformarlo"
Yo ya no pertenezco a ningún ismo declara
fuerte y claro Fito Páez. Me gusta como lo dice o como lo canta como si fuera
mordiendo las palabras yo-ya-no-pertenezco-a-ningún-ismo y cuando ya me tiene
medio convencido o hipnotizado por la suave cadencia de su música, de pronto me
acuerdo de Marx. Entonces dudo. Quiero estar de acuerdo con Fito Páez, pero
Marx es Marx.
En realidad tenía bastante olvidado al
viejo barbudo, el más grande antifilósofo de todos los tiempos, pero sin saber
cómo, mis pasos me llevaron a la Universidad Humbold en Berlín, donde alguna
vez Marx fue profesor, y ahí, en letras de bronce, en el hall central en medio de una escalinata que
se abría en dos vi la frase que aunque estaba en alemán, idioma que desgraciadamente
no hablo para nada, la pude entender clarito.
Ahí en dos líneas, manda a la puta que
los parió a todos los filósofos, alemanes o no, y no solo al señor Feuerbach que
le sirve de excusa, les dice clarito que se saquen la chaqueta, la corbata, se
arremangen la camisa, se metan al torrente, se mojen el potito o se vayan a la
cresta con sus interpretaciones del mundo.
Sí hermano Páez, casi me convences, pero
me moriré marxista, aunque sea a mi manera, y lo seguiré siendo hasta en la
próxima vida.
El rey de los pidenes
![]() |
| Acuarela de Mayarí Schilling |
- Pidén – le dije, ya que el mencionado pájaro era un pidén – ¿porqué andas por ahí sin hacer nada cuando están rellenando tu humedal? ¡Mira! están arrojando toneladas de arena sobre tu propia casa y tu no haces nada.
El pidén se puso a comer unas algas sabrosas como para desmentir mi acusación de que no estaba haciendo nada.
- Sí ya veo que estás comiendo, pero me refiero a que no haces nada por salvar tu casa, por salvarte tu mismo. Me da rabia verte tan resignado.
Mis acusaciones debieron parecerle impertinentes, porque después de pensar un momento me respondió: “Viva el Rey”. Esa fue toda su respuesta, yo quedé esperando algo más, pero eso fue todo.
Su respuesta, bastante críptica, parecía invitar a una discusión más profunda. Así que intenté rebatirle con un verso – Chile, “No ha sido por rey jamás regido ni a extranjero dominio sometido”.
El pidén me miró socarronamente e insistió con su ¡Viva el Rey!, pero esta vez, me sonó muy irónico.
-Bueno – le dije – reclámale a Ercilla si no estás de acuerdo. Pero no nos salgamos del tema pronto estarás con la arena al cuello y será demasiado tarde. Ya no habrá algas ni guarisapos a quienes tirarles un picotazo.
- ¡Viva el Rey! – gritó con fuerza el pidén. Me miró directo a los ojos, desafiante infló su pecho y repitió – ¡Viva el Rey!
El sol de la tarde me encandiló un instante y pude adivinar su corona.
Desde el pajonal surgieron mil voces que repitieron con él: ¡Viva el Rey!, ¡Viva el Rey!, ¡Viva el Rey!
Juan Sin Agua
Suscribirse a:
Entradas (Atom)











