28.9.13

Intentando matar el tiempo o Vacaciones en el Vaticano II

Dedicado a Lumi Videla y Guillermo Cornejo

La primera semana había sido de espera. Espera de los compañeros que debían llegar y llegaron bien, a pesar de los peligros en que estuvo el último grupo. La segunda semana fue de organización. Todos tenían experiencia de participación en organizaciones políticas y sociales, así que se inventaron tareas para todos. Yo no quería asumir ningún papel destacado. Mi intuición me llamaba a mantener un perfil bajo, por eso me propuse para organizar un campeonato de bochas ya que me había aficionado bastante al jueguito italiano que era la mejor forma para matar el tiempo durante esas vacaciones en el Vaticano. En realidad a poco andar comprendí que la entretención para un grupo numeroso obligado a convivir en condiciones difíciles era una de las cosas más importantes que existían en ese momento.
Por ahí aparecieron unos naipes que permitían organizar grupitos que jugaban brisca, canasta y hasta póquer con apuestas de porotos.
En la categoría del sano esparcimiento podríamos colocar también a las tertulias que se fueron dando en forma espontánea y preferentemente en las tardes y noches en las que la obscuridad y el frío hacían que nos achoclonáramos lo más que podíamos. Ahí, tomando un mate que demoraba muchísimo en dar la vuelta y uno no tardaba nada en hacerlo sonar indicando que había terminado, empezaron a surgir historias, quizás contadas con trampa porque ese no era un momento para contarlas con sinceridad y transparencia como quizás podríamos hacerlo hoy sin los fantasmas que nos acosaban entonces y que nos obligaban a callar nombres y ser muy poco precisos con los lugares.
Una historia que nos impactó fue la sucedida a otro grupo de 23 personas que trataron de asilarse en la misma Nunciatura casi un año antes que nosotros, que también habíamos llegado a ser 23, la coincidencia en el número y en el lugar hizo que le prestáramos gran atención. Además se trataba de algo que no habíamos conocido por los medios de comunicación que en ese tiempo informaban lo que le convenía al gobierno y callaban lo que lo pudiera incomodar.
Desde el Golpe había un importante número de curas que se habían dedicado a salvar personas consiguiendo asilo para los perseguidos en distintas sedes diplomáticas. Pero a mediados de 1974 empezaron a escuchar repetidamente que cuando se iban a poner ellos con su propia embajada, es decir, sus amigos diplomáticos les señalaban que la embajada del Vaticano podía servir de puerta de salida de estas personas, aunque era comprensible que no fueran recibidas por el Vaticano mismo debido a que apenas contaba con 44 hectáreas, es decir era un micro micro Estado, pero como Estado podía recibir asilados que después de obtener salvoconducto podrían salir hacia otro destino.
Finalmente, se habían decidido a intentar la entrada a la Nunciatura, con un grupo de 23 personas. La Fundación Niño y Patria estaba muy cerca en la misma calle que entonces se llamaba Montolín, ahora se llama Nuncio Sotero Sanz en honor a Monseñor Sanz quien era el representante del Vaticano en ese momento, se encontraba con su guardia reforzada en número y tipo de armamento, por lo que se reunieron a evaluar la situación y uno de los 23 desistió del intento. Los otros 22 más 2 sacerdotes y un pastor luterano saltaron la reja y pidieron asilo. El Nuncio estaba en Roma y quien lo subrogaba no se encontraba en ese momento, habían sido recibidos por un cura que los acogió, pero debían esperar a Monseñor Piero Biggio quien cuando llegó se negó a recibirlos haciendo entrar a una pareja de carabineros, que en realidad poco podían hacer para sacar a un grupo tan grande, sin embargo uno de ellos se asustó, salto hacia afuera y escapó.
Los curas que habían organizado el asilo masivo trataban de convencerlo, pero él no aceptaba ningún argumento y estaba a punto de entrar un contingente mayor a detenerlos. Sin embargo, el cura que los había acogido en principio le dijo algo en voz baja y le hizo cambiar de parecer. La Nunciatura terminó dando asilo a las 21 personas que se encontraban en sus jardines.
Paradojalmente, en los noventa Monseñor Piero Biggio regresó a la embajada del Vaticano convertido en representante de Juan Pablo II. Pero eso no lo podíamos saber nosotros que vivíamos en 1975, como tampoco podíamos saber que el 16 de Junio de 1976 un grupo de 28 compañeros, entre quienes estaba el Chico Feliciano intentarían asilarse en la embajada de Bulgaria que en ese momento estaba a cargo de Austria, sin embargo son detenidos. En ese momento sesionaba en Santiago la Sexta Asamblea General de la OEA con los cancilleres de toda América (excepto México) y el mismísimo hijo de puta de Kissinger presentes. Pinochet para evitar una condena por violaciones a los Derechos Humanos estaba haciendo show con la liberación de presos y los 28 fueron puestos en libertad en el Parque O´Higgins, luego volvieron a cazar a Feliciano y a otro compañero, ambos están desaparecidos.
Duro había sido asilarse para algunos y más duro lo sería para otros, pero a nosotros nos estaba saliendo bastante bien todo. Sin embargo debíamos estar preparados, la DINA era capaz de cualquier cosa. Quienes estábamos allí sabíamos bien que esos asesinos habían arrojado al interior de la Embajada de Italia el cuerpo sin vida de Lumi Videla para crear confusión en la opinión pública.
A Lumi la conocía bien, ya que era la hermana mayor de un amigo y compañero quizás por eso se me ocurrió una de esas ideas estúpidas que solo se pueden justificar porque en una situación como la que vivíamos uno no está demasiado cuerdo. Lo cierto es que en nuestro afán de jugar y quizás porque la mayoría éramos unos jóvenes muy lejanos a cualquier idea religiosa, acordamos hacer espiritismo e invocar la presencia de Lumi.
Los preparativos para el ritual fueron simples: escribimos las letras en trozos de papel, en un papel escribimos "SI" y en otro "NO". Esperamos hasta la media noche y salimos al jardín con nuestra ouija artesanal, allí había una mesa redonda con cubierta de vidrio, pero no había sillas para los 6 o 7 valientes. Sacamos el vidrio y nos sentamos en el suelo con las piernas cruzadas y con el vidrio afirmado en nuestras rodillas. Las letras se distribuyeron en un círculo alrededor del vidrio en orden alfabético y al centro el "SI" y el "NO", un vaso de vidrio completaba el instrumental necesario para la comunicación con el más allá. El lugar en que nos encontrábamos era debajo de un árbol casi al lado del campo de bochas, la noche era tranquila y silenciosa, los pacos nos custodiaban allá lejos fuera de la reja.
 La que actuaba de bruja nos dijo que nos tomásemos las manos y después de mirarnos con seriedad nos pidió que lo que ella dijera nosotros lo repitiéramos en coro sin soltarnos de las manos.
—Llamamos a la compañera Lumi Videla para que se presente a hablar con nosotros— y el coro repitió el llamado, pero nos salió solo un murmullo, algo de susto ya debe haber empezado a darnos en ese minuto.
—Tienen que hablar más fuerte y claro, así no se entiende ni lo que dicen— reclamó la bruja cada vez más autoritaria y metida en su papel. Repetimos la invocación, esta vez con bastante claridad.
—Ahora, suéltense las manos y coloquen un dedo sobre el vaso.
Repitió el llamado y nosotros lo coreamos, luego nos advirtió que no repitiéramos —¿Compañera Lumi estás con nosotros? —y el vaso produjo ese ruido feo cuando se frota vidrio contra vidrio y se movió hacia el "SI"... nos quedamos sin aliento, pero eso pudo hacerlo cualquiera de nosotros porque con nuestros dedos tocábamos el vaso.
—¿Queremos saber si te asfixiaron, Lumi? —dijo la bruja en el tono común de quien está conversando.
El vaso comenzó un movimiento lento como si buscara una letra que hubiésemos olvidado colocar, rodeó el "SI" sin detenerse, rodeó el "NO" y siguió buscando dio una vuelta completa y empezó a acelerar su movimiento y a sacar del vidrio todas las letras con movimientos cada vez más violentos. Todos soltamos el vaso que también saltó del vidrio y rodó por el pasto sin romperse. Nos paramos lo más rápido que pudimos y nos fuimos a tratar de dormir temblando de miedo.
Al día siguiente, volvimos a colocar el vidrio en su lugar, pero no encontramos ni las letras ni el vaso, la historia fue contada en voz baja y seguramente los que no estuvieron allí no la creyeron. Pero nadie volvió a meterse con los muertos.
Las conversaciones se fueron volviendo más serias cuando nos fuimos conociéndonos y confiando un poco más unos con otros. En la Nunciatura escuché por primera vez la narración de una tortura en primera persona, yo las conocía con detalle, eran parte de los informes oficiales que nos llegaban desde la Comisión Política, pero es distinto cuando alguien te cuenta esto es lo que me hicieron. Todos los que habían pasado por las cárceles habían sido interrogados bajo tortura. Una noche escuché también a una compañera contarle a otra como había sido violada, ellas suponían que yo estaba durmiendo.
Teníamos turnos de vigilancia nocturna, cosa aprendida en las tomas de terreno de fundos y otras acciones que nos eran familiares. Esto que parecía una exageración, sin embargo sirvió para detectar la llegada en medio de la noche, mucho después del toque de queda de un hombre joven como nosotros que venía a pedir asilo. Era bastante sospechosa la aparición inesperada de este personaje. Lo mantuvimos encerrado en una pieza y los más grandotes del grupo se encargaron de interrogarlo sin golpes, para ver si tenía una historia consistente. Todos lo miramos por la rendija de la puerta, por si alguien lo había visto alguna vez.
Nadie lo conocía y la historia de su asilo no era creíble. Nos costó tomar la decisión, pero finalmente lo entregamos al Secretario de la Embajada que mantenía el contacto con nosotros y le pedimos que se lo llevara en el auto diplomático a donde él quisiera ir, porque finalmente no estábamos seguros de nada.  Podía ser un agente de alguno de los servicios de inteligencia que operaban contra nosotros, como podía ser una persona que necesitaba salir de Chile. Si se trató de esto último, espero que haya logrado su objetivo en otra ocasión.
Al Nuncio que ahora le da nombre a la calle de Providencia, nunca le vimos, se tejían historias de que era anti Opus Dei, pero que después se había arrepentido y le había pedido perdón de guata a Escrivá de Balaguer en persona. La verdad es yo no cachaba ni papa de todo ese lío, pero ni falta me hacía porque siempre nos entendimos con el afable Secretario de la Embajada cuyo nombre no recuerdo.
En realidad las vacaciones fueron tensas, pero afortunadamente cortas, al menos para nosotros tres. Había pasado casi un mes cuando nos avisaron a Margarita, a la chica Silvia y a mí que nos íbamos el Domingo próximo. Margarita iría a Suiza, nosotros a Suecia.
A pesar de mi intuición, yo no presentía que muy pronto habría de suicidarme.
Neandro