Tío Lalo

Un grande bajó del escenario

El Tío Lalo se murió dos veces este año, una en marzo y la otra en abril, según lo escuché en la radio. Y todavía soy de los que le creen a la radio.

La primera vez tuve mucha tristeza, quizás porque estaba solo cuando oí la noticia, pero por suerte duró poco mi pena porque un rato más tarde ya había resucitado. Sólo había sido un paro cardio-respiratorio – dijo la radio.

La segunda vez no me puse triste y me quedé esperando que resucitara de nuevo, pero por mucho que seguí escuchando la radio, esta vez el Tío Lalo se lo tomó en serio. Se echó la guitarra al hombro y se fue a cantar con la Violeta, la Hilda y el Roberto.

Luego vino el velorio con cantoras, chascarros, gloriao y todo eso. Después el entierro en su querido Chillán, donde ya tiene una calle que lleva su nombre y que antes se llamaba Uruguay. El Concejo Municipal aprobó este cambio en menos de lo que canta un gallo, la razón es que en esa calle un niño llamado Lalito jugaba a la pelota con los demás chiquillos del barrio.

Dos veces se tenía que morir este viejo, para que lo pudiésemos creer, porque sabíamos que aunque no tenía pacto con el que te dije, hace tiempo ya era inmortal, quizás de cuando cantaba cuecas al Hombre Nuevo en los 70, mucho antes de que anduviera rockiando con Los Tres y que Los Tres anduvieran cuequiando con Don Eduardo Parra.
Juan Schilling

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